Sin música no podríamos vivir

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Conocí al Señor Stewart cierto día, en Puerto Plata. Era ya un hombre viejo, pero con buena salud y, no fue hasta varios años después cuando la misma comenzó a declinar y le vinieron de golpe la diabetes y el reumatismo. Ya muy mal, casi agónico, lo visité al cuartucho en donde pasaba sus últimas horas. No había ropa, no había comida, no había decorado alguno. Sólo descansaba, al lado del colchón, un pequeño radio negro con una antena que él mismo le había fabricado con un alambre gris. Pareció leer mis pensamientos, y me dijo:

- Es que sin música no se puede vivir.

Aquello me causó tanta impresión que aún lo recuerdo como si estuviera sucediendo en este instante. Stewart estaba solo, no tuvo hijos ni familia, ni patrimonio y, al final, sólo lo ataba a la vida el hilo transparente de la música.

Nos vemos mañana en la noche en el Centro León –Junio 19, 8:00pm-. Juntos festejaremos la alegría de estar vivos unas horas más, como lo hizo Stewart.